París siempre será una fiesta

Oh la la, Bonjour Paris!

Y sí, ¡París siempre será una fiesta! Qué mejor momento y lugar que empezar a contarles algunos de nuestros viajes con esa primera ciudad a la que aterrizas en un viaje a Europa. ¡Esto sí que es recordar! Hace varios años atrás realizamos nuestro primer viaje a Europa sin saber que viajar juntos y conocer lugares lejanos, únicos, personas e historias nuevas sería el comienzo de un proyecto de vida.


Llegar a París fue llegar a un nuevo mundo, pero por sobre todo a un nuevo mundo cultural que desde sus entrañas mostraba estar totalmente emparentado a nuestra querida Buenos Aires. Habíamos llegado a la famosa Ciudad de las Luces.

Campo de Marte (vista desde la Torre Eiffel).

Todavía recordamos el frío que te helaba la cara y la soledad de las calles del barrio de Saint-Germain al llegar a París. A pesar de que no fue uno de nuestros mejores arribos, dado que el lugar reservado para dormir no había anotado correctamente nuestra reserva y por un momento nos imaginamos durmiendo bajo los cimientos de la Torre Eiffel (tan mal no nos iría), con pocas palabras en francés y un inglés nervioso logramos darnos a entender y reservar ese lugar tan anhelado a las 12 am de un día semanal en que París ya dormía.

El barrio de Saint-Germain-des-Prés es para nosotros un lugar súper recomendable para hospedarse. En sus alrededores tenés todo lo que necesitas para salir, caminar, comer y conocer en una primera instancia. Caminando desde allí se puede llegar a cualquier punto “popular” de la ciudad: Notre-Dame, el Panthéon, el Musée d’Orsay y el Musée du Louvre, los Jardínes de Luxemburgo, la Ópera Garnier y la Universidad de la Sorbonne, con sus cercanías al Barrio Latino.

Creemos que dentro de las visitas obligadas no puede faltar: Le Centre Pompidou, la Sainte Chapelle, el Jardín de las Tullerías, la Torre Eiffel, el Palacio Nacional de Los Inválidos (más conocido como Les Invalides), el barrio bohemio de Montmartre (y la Basílica del Sagrado Corazón – Sacre-Coeur) y el barrio moderno y judío: Les Marais. ¡Es imposible hacer un listado sin creer que de algo me estoy olvidando! Claro, de caminar bordeando el Sena y liberar los sentidos.

El Sena abre paso a los puentes parisinos.
Catedral de Notre-Dame (en Isla de la Cité).

 

Monumento popular y de culto en Francia.
Jardín de las Tullerías.

 

París es increíblemente enorme, una ciudad altamente cosmopolita y turística, y está llena de lugares, recovecos, pasajes en los que ir sin mapa es aconsejable. Perderse en París es saber a dónde se va a llegar. La cantidad de puentes, catedrales, museos, centros culturales, cafés, bares y plazas por conocer en París nos hacen creer que no hay cálculo de días posible para conocerla en su totalidad en un primer viaje. No está fuera de los planes volver para seguir conociéndola. Además, ahora, un tiempo después, podemos decir que al menos sabemos un poco más de francés.

La ciudad es impactante. La prolijidad de algunos barrios, las modas que florecen en el andar de cualquier parisino/a, la historia desde la revolución y la historia de la cultura renacen a cada instante por donde uno camine.

Estación de metro de París: simbolismo e historia del movimiento y progreso social.

En nuestra estadía visitamos, el primer día, aquellos lugares que no escapan de cualquier guía turística y en los días siguientes nos dejamos llevar un poco más por lo que íbamos descubriendo en el mapa, sin dejar de llenar esos espacios con nombres conocidos, pero aún sin caras.

Entre los lugares que más añoramos están el barrio bohemio, literario, decadente y artístico de Montmartre. Estar allí es como viajar a la Belle Époque y bailar un poco de charleston, o dar la vuelta manzana y sentarnos a tomar vino y absinthe con los poetas malditos, con el surrealismo y las vanguardias. Montmartre es bohemia, es la perla de París. Allí probamos los crepes parisinos. ¡Y los hay de todo tipo!: salados y dulces. Son un mar de fantasías para el paladar. También visitamos el famoso Mouline Rouge y los cafés que lo rodean. Aquí van algunas fotos de Montmartre:

Moulin Rouge durante la noche.
El cabaret más antiguo de París: Lapin Agile (Conejo Ágil).

 

Gárgolas de la Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre.

El Palacio de Versalles lo conocimos unos días después de estar allí, ya instalados entre el pan y el queso francés. Llegamos en tren y nos llevamos unas viandas para comer en el camino, ya que nos habían advertido que vayamos preparados para un picnic dentro de los inmensos jardines del palacio. Es uno de los lugares con mayor concurrencia y hay que ir preparado para esas largas filas y el gentío. Dentro del palacio lo más destacable es la Galería de los Espejos y, por fuera, los inmensos jardines, la antigua propiedad de Marie Antoniette, y las estatuas y monumentos alegóricos que se conocen en el recorrido. El jardín al estilo laberíntico francés es sumamente perfecto y elegante. La simetría nace allí.

Vista de uno de los Jardines del Palacio.

 Todo lo que rodea a París es cultura. Es por esto que el Musée du Louvre y la Ópera Garnier son lugares que recomendamos visitar. Llevan tiempo, pero son únicos. En el caso de los museos hay descuentos para estudiantes/profesionales (siempre con credencial ISIC o similar) y para ciudadanos europeos.

La Torre Eiffel es la corona que lleva la reina. ¿Qué sería de París sin la Torre?

Es cierto, la ciudad ya la conocemos todos aún antes de llegar por fotos, postales, videos, etc. París puede ser todo eso que hemos visto en algún programa de televisión, pero también su esencia, ese dejo de café y de humedad, esa lluvia, esas calles empedradas,  ese vagabundeo cosmopolita solo se conoce y se siente una vez que se está en la ciudad.

La Torre Eiffel fue el lugar que más veces visitamos. Fuimos por primera vez durante una tarde y subimos caminando sus infinitos escalones. ¡Recomendamos subir caminando! Te ahorras tiempo, dinero, y aunque creas que estás en mal estado no es imposible, subir es súper fácil y ágil. Pensamos que subir a pie sería difícil, ya que las filas del ascensor te hacen creer que al ir caminando estás haciendo una locura. Nada que ver. Subir caminando es vivir la torre por dentro e ir ascendiendo con ella.

La segunda visita (también a pie) fue durante la noche. Las vistas de la ciudad son imperdibles. Allí podemos apreciar con nitidez el Campo de Marte, los Campos Elíseos, las perfectas paralelas, las calles, esos techos azules que decoran cada edificio. A la noche la torre se ilumina con luces intermitentes que hacen latir a la ciudad.

Esa noche, al volver de la Torre, caminamos por los Campos Elíseos y nos sentimos muy confundidos al no saber cómo cruzar hacia el Arco del Triunfo. De más está decir que cometimos una infracción y cruzamos por arriba, cuando no vimos autos que se acercaran, y minutos después divisamos el paso subterráneo que facilitaba el acceso. ¡Ahora ustedes ya saben cómo cruzar!

Recordamos ver a París colorida: es azul y es verde. Los jardines la rodean y la hacen latir. No sabemos si fue París en sí, si fue el increíble clima que allí nos tocó o si fue que le tocó ser la primera ciudad europea que conocimos, pero la adoramos. París para nosotros fue aquella que te hace pisar por primera vez una catedral de más de mil años, aquella que te acerca a un museo donde ves esas obras de arte que podías reconocer de imágenes escolares, aquella en la que escuchas la historia medieval y la historia de la cultura occidental. Quizá sí, fue todo eso, fue la primera, la más cultural de todas, la perfecta y adorada por nosotros, querida París, pero además es que es única, aún yendo en tempestad, París te hace enamorar.

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