La Bella Praha

 Primeros pasos en un espacio medieval

 Hay pocas cosas con las que la gente puede estar tan de acuerdo, y una de ellas es con Praga. Todos se enamoran de este lugar, todos. Y el nuestro fue desde el primer instante. 

 Arribamos a la Malá Strana (la Ciudad Pequeña) y nos vimos inmersos en una novela medieval. Giramos por la calle principal y nos esperaba el Puente Carlos para comunicarnos con ese otro lado de Praga, la Ciudad Vieja. Cruzamos por el puente el río Moldava (Vltava) y escuchamos los violines y los cellos que daban esa música para empezar a bailar con ella, con Praga. Teníamos de público estatuas que nos miraban, o por ahí cuidaban de ese lugar.

El Puente Carlos y el Río Moldava al atardecer.

  Habíamos arribado a Praga en una época pascual por lo que toda la plaza de la Ciudad Vieja se encontraba repleta de puestos de mercado y ferias que ofrecían salchichas, platos checos, pretzels, sopas, cerdo, goulash, y todo tipo de cervezas. Veníamos de la forma y la rigidez parisina para soltar las polleras y empezar a danzar en un lugar que realmente nos parecía increíble. Lo primero que hicimos fue dejar nuestros bolsos en un hotel que hoy no logramos volver a encontrar, llamado Lokal Inn a media cuadra del Puente Carlos, del lado de la Ciudad Pequeña, como muchos lugares en Praga que combinan la hotelería con bares y restaurantes. Es muy común encontrar bares en cavernas o sótanos que luego en sus pisos superiores poseen otro tipo de servicio como hospedajes o más restaurantes. A comparación de otras ciudades europeas Praga resulta bastante económica y acogedora.

Primeras miradas nocturnas desde el hospedaje.

 En Praga caminamos, y nos perdimos, y probamos su comida, y seguimos caminando, y nos seguimos perdiendo entre sus calles empedradas a las que quisimos hacer nuestras. Y si algún romántico director de cine hubiera dicho: «y si ponemos tranvías?», alguien habría pensado que era exagerado, pero allí estaban cruzando la ciudad y embelleciéndola aún más. Todo lo que hay que ver está en un espacio bastante pequeño, con lo cual solo viajamos en tranvía para ir al Castillo de Praga y en metro para ir al Aeropuerto. Viajar en el tranvía es realmente viajar en el tiempo.

Instalados en Praga.
Callejones checos.

Centro histórico

 Entramos a la Praga medieval, la Ciudad Vieja, con torres y torres (sabemos que en Praga solo hay que mirar hacia arriba) que te hacían creer que eso no era real. Allí encontramos al reloj astronómico que parecía sacado de un museo. Todo es hermoso en Praga. Además, recorrimos el ayuntamiento, la plaza de la ciudad vieja, la torre de pólvora, la iglesia de San Nicolás y nos dejamos llevar por las calles angostas.

El Reloj Astronómico.

En nuestro itinerario visitamos, el primer día, la mayor parte de la ciudad a partir de un free walking tour. Al día siguiente visitamos el Castillo de Praga y nos tentamos con el teatro negro (típico en Praga, ya que allí tuvo sus orígenes) y un recorrido por el río que baña a esta estancia medieval. Luego, hicimos una visita de medio día a la ciudad de Terezín, en la que visitamos el Memorial y el campo de concentración que se instaló allí durante la Segunda Guerra Mundial y durante la ocupación nazi de la República de Checoslovaquia. Esta última es una visita que recomendamos. Para ir en bus puedes tomarlo desde la estación Nádraží Holešovice, en Praga, y tarda unos 50 min el trayecto, de vuelta tomas el mismo.

Terezín: barrio y campo de concentración y el lema de entrada: «El trabajo los hará libres».

 

Recorriendo Josefov, el barrio judío, y el Castillo de Praga:

 Entre otras de las visitas que hicimos en Praga están el barrio judío (Josefov): allí pudimos observar los cementerios judíos (inmersos en el medio de la ciudad), el ayuntamiento y las sinagogas. Además, la estatua creada al famoso escritor checo, Franz Kafka, que allí nació durante el dominio del Imperio Austrohúngaro a fines del siglo XIX, en lo que en ese entonces se denominaba el Estado de Bohemia.

Cementerio Judío dentro de la ciudad y elevado.
Lau con la estatua de Franz Kafka en el Barrio Judío.

  

 En nuestra visita al Castillo recorrimos todas sus fortificaciones y luego nos adentramos en la Basílica de San Jorge, la Catedral de San Vito, el Palacio y el hermoso Callejón de Oro. Ese día nos dijeron que el Callejón sólo abre a partir de las 18 hs y por un tiempo muy breve (aproximadamente una hora), por lo que hay que estar atentos para su apertura. Es realmente uno de los lugares más extraños que hemos visto, dado que son construcciones muy pequeñas en donde han residido desde guardianes del castillo, hasta personas comunes. Allí vivió nuestro querido Kafka, y también ha sido residencia tanto de ladrones como de alquimistas.

 El Callejón y las vistas de la ciudad son la mejor postal que nos ofrece Praga para recordarla.

Entrada al Castillo de Praga.
La Basílica de San Jorge. 
Vista de la ciudad desde el Castillo.

 

Recorrido del Callejón de Oro.

 

Último recorrido de Praga: la Ciudad Nueva  

 En esa zona visitamos el Museo del Comunismo, la Plaza de Wenceslao y el Teatro Nacional. Desde allí pudimos apreciar mucho más aquellos eventos políticos y culturales que había padecido Praga y cómo se había reinventado y mantenido tan bella e intacta a pesar de los años y la historia. 

 Praga es historia, es bohemia, es medieval, son primaveras, son terciopelos… Praga es única y es bella.

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