Caminantes en Auschwitz

Ici, la vie ne trouve pas sa place. C´est la résidence de la mort…

Nuestra visita

Durante nuestra estadía en Cracovia decidimos visitar este campo de concentración y exterminio que funcionó durante el nacionalsocialismo alemán en Polonia. La decisión fue tomada antes del viaje, por lo que no dudamos en ir hasta allí. Consideramos que esta visita no es una visita cualquiera, sino que genera muchos sentimientos y hasta angustia. Es preferible ir preparado para asumir el momento y lo que se está por ver, y si te sientes angustiado/a o con muchas dudas de si realmente continuar, es posible solicitar más ayuda y asesoramiento a los guías del lugar.

Este campo, como muchos otros, ha funcionado para detener y asesinar gente, así como para obligarla a realizar trabajo inhumano y forzoso. El sitio es reconocido por ser el espacio en el que la «solución final» para el pueblo judío tomó su forma definitiva e implacable, implementando las cámaras de gas y los hornos crematorios como una maquinaria sin freno de asesinato humano. Este fue el sitio en donde el extermino tuvo lugar, llegando a considerarse que más de un millón trescientas mil personas han pasado por aquí, y más de cien mil nunca salieron.

Organizar el recorrido

Para visitar el predio hay guías que te llevan por los diferentes puntos y edificios. Esta visita se da en muchísimos idiomas. Entre Auschwitz I y Auschwitz-Birkenau hay buses que conectan el trayecto de forma gratuita que permiten visitar los dos espacios en un día en un plazo de 4 horas, aproximadamente.

En el primer campo encontramos algunos barracones aún en pie, otros refaccionados, en donde se exhiben objetos, personales y físicos, recolectados de las personas asesinadas, así como fotografías y la topografía del horror del nazismo en el mundo. Estas salas son de las más duras que puede haber en la historia de la humanidad.

En el segundo campo, ya más desolado y casi por completo destruido por los nazis al abandonarlo, están los restos de las cámaras de gas y los baños.


Es posible reservar el ticket para hacer la visita en cualquier idioma desde la página web del Museo del Holocausto. Recomendamos sacarla antes de ir, ya que ayuda a tener más organizada la visita: https://visit.auschwitz.org/, además, enriquece el recorrido ir acompañado, para comprender la historia y escuchar el relato de los guías.

Torres de vigilancia.

El Memorial se encuentra en Oswiecim, a 70 kilómetros al oeste de Cracovia y para ir en bus hay que tomar en la estación de trenes Kraków Główny el bus que va hacia Oswiecim. Se reconoce fácilmente por el cartel que lleva en el frente, y hay que descender en la parada que se llama Oswiecim Muzeum. Son varias las líneas que hacen este recorrido y pasan cada 20 min. El bus va anunciando oralmente y en una cartelera virtual cada parada. Los choferes son muy amables.

Camas, si es que se las puede llamar así, reconstruidas en los barrancones.
Innumerables latas de Zyklon B (ácido cianhídrico cristalino), el agente exterminador de las cámaras de gas.
Restos de las cámaras de gas y los baños.
Ejemplar de los trenes de traslado.
Miramos las vías asombrados y la guía nos dijo: «Es real, quizá ustedes ya llevan aquí más tiempo del que algunos secuestrados pasaron antes de ser asesinados». En el clímax del extermino los trenes llegaban a toda hora, seleccionaban a las personas para trabajo esclavo, y los que no eran considerados aptos, como mujeres, niños, ancianos, enfermos, entre otros, eran enviados engañados a las cámaras de gas. Sistemáticamente. 

Podemos decir que no, no fue fácil atravesar este umbral y comprender que la “solución final” nazi para el pueblo judío, y varios otros grupos y colectivos, implicó el asesinato, en esas mismas tierras que aquí pisábamos, de más de un millón de personas.

No, no es fácil, aquí te recorrerá por dentro un sinfín de cuestionamientos de por qué estar ahí y por qué esto no puede volver a suceder jamás.

En esos instantes de tiempos pesados y densidad espacial pensábamos, y nos imaginábamos, a todas esas personas que bajaban hacinadas de los trenes y eran seleccionadas entre una vida miserable o la muerte disfrazada, quizá el mismo destino, en unos de los inviernos más crueles para toda Europa. Ellos desnudos, despojados, en filas, a los pies de estas vías inimaginarias, con el cuerpo en las manos.

Entrada al campo con la frase más nefasta de la historia: Arbeit macht frei / El trabajo los hará libres.

No, no es ni será fácil, pero, definitivamente, asumirnos como verdaderos ciudadanos del mundo nunca lo será, porque esto implicará aprehender que Auswichtz sucedió bajo el mismo cielo desde el que hoy recordamos.

Es necesario salir con el pecho afligido e inflado sabiendo que un grito de NUNCA MÁS puede más que el silencio y el olvido; que el grito y la memoria de todos juntos aferra hacia la eternidad la calma, la soledad y el sueño de todas las personas aquí y en el mundo asesinadas por el terrorismo de Estado.

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