Bratislava, subidas y bajadas en una ciudad de cuento

Pequeña sobre el Danubio, Bratislava es una ciudad sin espacio para imperfecciones. Todo su centro histórico es tranquilo, con muchas estatuas callejeras y un castillo que esconde historias mágicas, declarado patrimonio cultural del país por su valor arqueológico.

Cómo llegamos

Dada su cercanía con Viena (unos 68km), en donde estábamos parando en ese momento, viajamos en tren hacia Bratislava. El viaje, de poco menos de una hora, parte de la estación central de Viena, muy cerquita del Museo y Palacios Belvedere, y el Columbus Center. La estación de llegada en destino se llama Hlavná Stanica, y está muy bien ubicada para arrancar un recorrido de caminata al centro histórico.

Al andar

Como no planeábamos hacer un tour por la ciudad, solamente visitar el castillo y sus callecitas, leímos un poco de qué nos íbamos a encontrar tanto cultural como arquitectónicamente en Bratislava.

Esa fue la primera vez que leímos que había existido algo así como el condado de Presburgo: un sitio que se vio hermanado a Viena y Budapest durante toda su historia de conquistas y conformación.

Sus habitantes pertenecieron a etnias húngaras y germanas que recién en 1919 tomaron el nombre eslovaco de Bratislava para su capital. Y, luego de la Segunda Guerra Mundial, más precisamente en 1993, es que se separan de Checoslovaquia, siendo Eslovaquia independiente y su capital Bratislava como hoy la conocemos.

Al caminar por sus calles cierto encanto medieval, calles empedradas, tranquilas y locales con decoraciones germanas y góticas resaltan a la vista. La ciudad mantiene su culto antiguo y sus tradiciones eslavas con fachadas bien conservadas, coloridas y elegantes.

En su Ayuntamiento Viejo es imposible no detenerse en la Plaza Central, llamada Plaza Hlavne Namestie, chiquita y encantadora por donde se la mire. Es el punto de encuentro de la ciudad, en donde se hacen eventos y reuniones masivas de gente. En su centro se encuentra la Fuente de Maximiliano (primer emperador eslovaco), edificios administrativos modernistas y en sus entradas chocolaterías de las más famosas del país: la Schokocafe Maximilian Delikateso y Roland Café.

Plaza Hlavne Namestie

Por los alrededores de esta plaza sacamos muchísimas fotos, es que esta ciudad es una caricia a la cámara. Sus pasajes y fachadas no dejan suspiro sin un click. Son sus decoraciones minuciosas y florales, como su colorido en tejados y paredes.

Por eso, y caminando así de sueltos, terminamos encontrando la Puerta de San Miguel, uno de los antiguos pasajes de la antigua muralla medieval. También, y fácilmente, se puede encontrar la Torre del Reloj, a la que se puede subir y tener una increíble vista de la ciudad tanto antigua como moderna.

No planeamos mucho nuestra visita a la ciudad, hasta que después de almorzar y pasear cerca del Palacio del Primado, al que nos recomendaron entrar y visitar la Sala de los Espejos, y pegarle una ojeada a las obras que se daban en el Teatro Nacional, nos fuimos hacia arriba, al Castillo de la ciudad.

Una buena consigna al caminar puede ser descubrir edificios de Art Nouveau. Buscamos la Iglesia Azul, obra del arquitecto Lecher, emperador en el este de este estilo.

Acceso al Castillo medieval.

El Castillo de Bratislava

Este sitio estuvo en ruinas muchísimos años debido a un incendio que arrasó casi con su totalidad, hasta que a mediados del siglo XX se decidió empezar su reconstrucción. Dentro se encuentra un Museo Nacional, una sala de conciertos y la Sala de los Tesoros.

Sus ingresos con arcos góticos y de piedra son originales, como toda la fortaleza, que te transporta a un pasado medieval y guerrero. Sin dudas, este ingreso hace que la visita hasta la colina valga la pena.

Quedarse por sus exteriores un buen rato antes de ingresar fue lo que hicimos ya que parece realmente un castillo de cuentos de hadas, con sus picos en esquinas, tejados y paredones altísimos.

Desde que se traspasa su puerta de piedra se inicia un viaje en el tiempo hacia los pasados culturales que tuvo esta ciudad. Celtas, romanos y eslavos pudieron aprovecharse de la buena ubicación en altura de esta fortaleza y defenderse de invasiones enemigas. Es por eso que también el Castillo ofrece una muy buena vista de toda la ciudad.


Cerca de la colina para subir al castillo hay bares y lugares para sentarse a tomar un café o comer. Además, previo a la colina del castillo se puede visitar la antigua Catedral de San Martín.

El encanto callejero

Bratislava ofrece mucho para hacer al aire libre y paseos para dar sin tener que pagar una entrada o meterse bajo techo. Uno de estos ejemplos es ir en busca de las estatuas callejeras que se encuentran dispersas por cualquiera de sus calles. Un obrero en una alcantarilla, un soldado napoleónico en la plaza, un caballero del siglo pasado saludando, y otra dedicada a Andersen, el escritor de la Sirenita, quien visitó este lugar en 1841.

Hay muchas estatuas y solo hemos conseguido ver algunas mientras recorríamos a pie. Lo que buscan es consagrar a vecinos, historias y profesiones que marcaron el destino de la ciudad y la ayudaron a conformarse como hoy la vemos.

Recomendamos no buscar la ubicación en google maps, ir caminando que solas ellas se encargan de aparecer.

Otro de los paseos a pie es el de la Ruta de la Coronación. Un recorrido alternativo, siguiendo las coronas doradas que están en el suelo, y que te llevan a revivir un antiguo festival que se montó en 1740 con motivo de la coronación de la emperatriz Ma. Teresa.

Es posible comenzar en la colina del Castillo el recorrido, y si de casualidad estas en la ciudad un 25 de junio vas a poder ver toda la pompa y el evento que se organiza por la coronación. De todas formas, es una buena manera de ir recorriendo las calles y lugares emblemáticos de una forma original.

Si te interesan los museos, destacamos el Museo Nacional Histórico y la Galería de Arte. Son dos emblemas de la cultura de Eslovaquia. Te llevarás una imagen más amplia de su legado en la historia occidental. El Teatro Nacional, que está allí desde 1920, se encuentra cerca al paseo peatonal en donde hay locales y puestos de feria.

Si te engancha este turismo callejero, Bratislava tiene muchas callecitas antiguas con fachadas descascaradas y coloridas, entre colinas y bajadas, y muchísima tranquilidad.

Algunas de ellas, las más conocidas, son Kapitulska, Prepostka, Farska y Navisku, pero también es fácil encontrar algunas no tan conocidas y nuevas con tan solo empezar a caminar en descenso luego de visitar el Castillo.

Notamos al poco tiempo de estar acá que la ciudad es económica tanto en comidas como alojamiento. Ideal para parar un rato a comer algo o dormir una noche para recorrerla un poco más al día siguiente. Además de 17’s Bar, que lo pueden ver más arriba en una de nuestras fotos, y muy cerquita del Teatro Nacional, probamos platos abundantes y baratos en Divny Janko.

Gracias por acompañarnos por Bratislava.
¿Conocías esta pequeña capital de gran encanto e historia?

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