Alaçati, las aguas laberinto

Historia de una aldea

Una aldea en la costa del Egeo con aires griegos y de calles de piedra blanca. Alaçati fue fundada hacia 1850 por trabajadores griegos otomanos y, desde entonces, se levantó como una ciudad costera bañada por el sol, viñedos y fuertes vientos. En una primera impresión, la aldea parece relajada y olvidada, pero en temporada alta y en verano turco, se convierte en un destino playero y muy concurrido por ciudadanos europeos.

Sus comienzos se remontan a la mitad del siglo XIX, cuando trabajadores griegos otomanos son enviados aquí a limpiar la zona, eliminar la malaria. Tras esta técnica un poco extraña de enviar gente a salvar un lugar, sin considerar qué habrá pasado con aquellos que aquí enfermaron, la historia de Alaçati se conforma cuando esos mismos trabajadores deciden asentarse, quedarse y formar una nueva ciudad.

Lo que hace a Alaçati un lugar atrayente es la combinación que hay entre playa, cosecha y hotelería. Además, se encuentra a poco más de hora y media de Izmir, una gran ciudad metropolitana de Turquía, que compite en caos y movimiento con la apreciada Estambul.

Durante el siglo XX, la actual ONU, y tras la Segunda Guerra Mundial, indicó el nuevo recambio de población que debía darse en estas tierras, y se pobló de turcos musulmanes otomanos. Los griegos volvieron así a su tierra de enfrente. Todo este tiempo de recambio y pasajes hizo que la aldea costera se conserve, se mantenga y no se derrumbe. La falta de interés quizá en la zona dio como ventaja que sus calles y edificios quedaran tal cual cuando los griegos la construyeron.

Las atracciones turísticas de Alaçati se concentran en el deporte acuático y el relax. El primero, porque sus playas ofrecen un espectáculo de viajeros y viajeras que se acercan a practicar kitesurf o windsurf. Los vientos de este lugar, fuertes y constantes, hacen que los deportes de agua sean un punto de reunión. Por otro lado, la hotelería de estilo boutique y spa. Las callejuelas de piedra y adoquines, no solo albergan casas de familias y/o locales de recuerdos, en su mayoría, estas casas grandes y de varios pisos y compartimentos fueron reutilizadas por hoteles boutique que compiten entre sí por ser uno más encantador que otro.

¿Cómo llegamos?

En bus desde Éfeso (Selçuk) viajamos a İzmir y de allí combinamos con un mini bus a Alaçati. En total viajamos dos horas y el viaje sale unas 35 LT. Muy rápido y práctico. Otra manera de llegar es en avión, volando hacia Izmir, y desde allí un taxi o bus local como los de la empresa HavaBus.

Tip RBF para llegar y movilidad interna:

Alaçati y su centro histórico tiene calles de adoquines. Todo adoquín. Las valijas es mejor llevarlas por encima de las piedras, fue lo que hicimos para proteger las ruedas. Y, en segundo lugar, la aldea es bastante laberíntica. Para ubicarnos, aunque nos costó un poco, bajamos los mapas de la ciudad y preguntamos un poco también al llegar.
Lo gracioso es que hay muchísimos hoteles boutique con nombres similares lo que hace aún más difícil orientarse el primer día.

El hotel boutique ideal

La gente más copada de Maison d’Azur nos invitó a quedarnos en su hotel boutique que tiene todas las comodidades y destellos griegos del lugar. Sus habitaciones tienen aires muy locales con decorados específicos, nombres literarios y artísticos, detalles en pintura, acabados pensados para la relajación del viajero/a, y la sensación de estar en un complejo familiar. Porque el hotel no comprende un solo edificio, sino varias plantas y lugares que se dividen por una de estas calles silenciosas de la aldea.

El desayuno lo sirven en estas mesas en plena callejuela, en donde sus dueños atienden el lugar entre charlas y golpeteos de tacitas de té. Por dentro, y si hay algo que nos llamó la atención, venden productos autóctonos como mermeladas caseras, conservas y tés.


¿Qué hacer en Alaçati?

Cuando nos instalamos y empezamos a recorrer la aldea quedamos sorprendidos, un poco porque sin saber habíamos elegido un lugar bellísimo por donde se lo mire, y que tenía viñedos cercanos, locales de vinos para degustar, bares y restós de comida de todo el mundo, y playas para tirarse a descansar. Entre los sitios que visitamos y que más nos gustaron, les recomendamos:

  • La costa que atrae el turismo de aventura y acuático con muchas opciones para hacer surf y windsurf. La playa es de arena blanca y aguas cristalinas. Entre las playas para visitar se encuentran la playa Kun: la más visita por su cercanía a la aldea, y la Illica. Cualquiera de estas dos vale la pena moverse hasta allí.
  • Caminar por el centro de la aldea con sus bares y locales de ropa. Por su cercanía a Estambul es un gran punto para ir a pasar un fin de semana (en este caso viajar en avión). Los bares ofrecen happy hour todos los días y durante la noche hay sitios con menú fijo o en pasos. Sino, lo ideal es ir caminando hasta encontrar algún lugar que te atraiga.
  • Visitar un viñedo: El Cesme Bagcilik es de los mejores, o bien, si no te queres alejar, podes disfrutar de una degustación de copas en plena aldea. Por todo Izmir y Çeşme hay viñedos para conocer o pasar el día. Se puede elegir entre vivir una ruta del vino de viaje o bien probar vinos en la propia ciudad.
  • Los molinos de viento ofrecen un panorama del esplendor pasado de la ciudad por su fuerza natural. La zona cercana a los molinos es un buen punto para comer más barato, hay bares con menú fijo y opciones locales económicas.
  • Fines de semana: los sábados se arma un mercado por las calles de Alaçati con productos locales y de objetos retro de decoración. Aunque nada de lo que se vea es novedad, porque de por sí las calles de la aldea son muy comerciales y con varios locales que te absorberán un buen rato mirando antigüedades. Al menos lo logró con nosotros.
  • Compras: Si estas con ganas de hacer compras en tu viaje, consideramos que lo mejor es consumir productos locales, en los que la gente te cuente que son producidos en Turquía y en zonas cercanas, y no cadenas comerciales de alimentos o ropa. Hay ferias de artesanos por la aldea que también propician el consumo de sus productos y las manualidades, como telares, bijouterie y abrigos.
  • Jugar a encontrar la fachada más bella de flores y colores. Es que si en algo se destacan estos hoteles que por fuera no lo parecen es en mantener sus fachadas atractivas y hacer de cada sitio un lugar único para fotografiar o simplemente admirar.

En qué momento del año viajar

Esto es algo que nunca habíamos pensando hasta que estuvimos allí. El mejor momento para ir es en primavera y otoño (de marzo a junio o septiembre a diciembre), porque la aldea está serena, hay poco turismo y los precios son más bajos. Pues, en verano hace mucho calor y es la temporada alta, hay mucha gente y la aldea se vuelve un poco caótica. En cambio, en las otras épocas el clima es moderado y la aldea está en su punto original.

Después de la costa, volvemos a una gran ciudad con punto de destino Izmir: una localidad portuaria y de las más modernas del país.

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