Contrastes de Johanesburgo, Sudáfrica

Hubo algo de inesperado en toda la vuelta por África, de novedad y de cíclico a la vez. Algunos paisajes se repiten, son los mismos, y de repente algunas ciudades resaltan por sobre el desierto y la selva. Cada país tiene su densa historia de lucha, destierro y renacer. Nuestro viaje fue un ascenso y descenso desde dentro y luego por la costa, hasta volver a donde habíamos llegado: Sudáfrica.

Hace poco leí una nota bastante sensacionalista, por cierto, en el diario, en donde contaban de una fisura en la tierra cerca de Kenia, por Nairobi, que probablemente sería el inicio de una nueva separación del continente africano. El continente en millones de años se separaría entonces nuevamente en dos, se uniría, quizá, alguna vez en miles más, afirmaban con fotos que hacían de soporte a algo investigado.

En ese entonces, y hoy de nuevo, me quedé pensando si la historia de África no sería un dividir constante y una unión inconclusa. Sudáfrica podía ser ese reflejo del paso del tiempo por un ejemplo de Nación en la que las uniones llevan más que años. En donde las grietas siguen calando hondo y quedan siempre inconclusas, a medio camino. Como si un compromiso latente necesitara seguir renaciendo y vería su luz en las generaciones venideras.

Sudáfrica es la imagen viva de la desigualdad africana dentro de sí misma, dentro del mundo.

Viaje desde el Kruger a la ciudad de Johanesburgo

Viajar desde el Kruger hacia la ciudad de Johanesburgo fue muy simple, y nos llevó unas 5 horas. En el camino pasamos por una gran reserva en donde el camino se tornó un tanto dificultoso, por la niebla y las montañas, pero los caminos son todos de asfalto y están en buenas condiciones. A las 3 horas de viaje, pasamos por el Cañón del río Blyde, un lugar con vistas de altura y una naturaleza de otro mundo.

Algo que no sabíamos es que hay que tener sí o sí efectivo para los peajes del camino y en rands sudafricanos. En total pagamos 4 peajes de los siguientes valores: 40R, 52R, 50R y 11R.

Al llegar a la ciudad nos dirigimos directamente hacia nuestro hospedaje, un B&B en la zona de Melville. Otras de las zonas que nos habían recomendado para hospedarnos son Rosebank y Sandton.

Ese mediodía, después de llegar, almorzamos en un bar de Melville. Este barrio tiene una zona de bares tanto para la noche como para tarde muy bello, muy al estilo americano sobre la avenida principal, la 7th Street.

Suelen describir este barrio como de un estilo bohemio, pero es más bien de un estilo que abraza lo vintage. Muchos bares, casas de antigüedades, zonas de descanso y movida universitaria. Es una zona ideal para dormir en la ciudad si no tenes movilidad propia, porque se encuentra lo básico muy cerca y con facilidad de ir caminando.


Datos de la ciudad

—> Para la ciudad de Johanesburgo es importante tener en cuenta que los parkings suelen tener medida máxima de ingreso de autos de 2.1 mts., por lo que a las 4×4 hay que dejarlas en la calle o conseguir algún estacionamiento especial/irregular.
—> Johanesburgo es una ciudad preparada para ir en auto a TODOS lados, por lo que caminar por algunas zonas se vuelve complicado. Es una fiaca, sí. Sobre todo para quienes acostumbramos recorrer las ciudades a pie, pero es lo propio de un lugar en el que se destacan zonas comerciales, inmensas, y una marcada separación de la sociedad según el color de piel y la cultura, o idioma.
—> Además de Melville, hay un gran ambiente gastronómico en la zona de Rosebank con todo tipos de comidas.

Apartheid Museum y Sandton Town

A la mañana siguiente a la que llegamos, tomamos el desayuno en nuestro hospedaje. Denise, su dueña, nos esperó en su cocina expectante por saber qué queríamos tomar y comer. Ella preparaba todo lo que le iban pidiendo, alternando entre huevos revueltos y tostadas, mientras que en la mesa se iban sentando sus huéspedes para compartir más que una taza de café.

En esos desayunos conocimos a un grupo de ingleses que estaban de paseo por la ciudad y que esperaban ansiosos adentrarse en el safari del Kruger, y otros compatriotas latinoamericanos que simplemente estaban de paso por ahí.

Aquí les dejamos el link de nuestro hospedaje por si les interesa para estar o también como para ubicarse en la zona de Melville–> B&B on 8th Avenue

Ese mismo día nos fuimos al Apartheid Museum en la camioneta que alquilamos durante todo el viaje. Por suerte el estacionamiento es descubierto y libre, así que no hay drama con el tamaño de los autos. La entrada sale 85R por persona y está la posibilidad de pago con tarjeta.


La visita al museo es uno de los indispensables de esta ciudad para entender su historia, la de toda Sudáfrica, y su actualidad. El recorrido es largo ya que, además de la historia del apartheid, te cuentan la vida y obra de Nelson Mandela. 
Recuerden que dentro no se puede comer ni sacar fotos.

Está bueno ir al museo para entrar en un contexto que es difícil de entender y luego les contaremos por qué, un poco más abajo cuando hablemos de Soweto. Este es uno de los museos históricos más importantes del mundo y acordamos en eso.

Luego del museo, pasado el mediodía, nos fuimos a conocer la zona de Sandton Town. Una zona financiera, de negocios y con movimiento turístico. En esta lado, recorrimos la Plaza de Nelson Mandela y el Sandon Mall.

Es una parte de la ciudad que se pinta histórica y auténtica, pero que en verdad tiene solamente movida comercial y es la zona más lujosa y cara. Solo se ven nuevos rascacielos y compañías multinacionales en sus esquinas.

La Plaza de Nelson Mandela se siente un poco como Disneylandia. La estatua de Nelson es de seis metros de alto de bronce y resalta como una maravilla más dentro de tanto edificio moderno en una plaza comercial.

Los bares y los lugares para comer de alredor son muy caros (onda lujo), aunque los shoppings tienen un poco de todo. Entre todos los shoppings que encontramos en la ciudad, acá al menos hay de los que tienen marcas extranjeras de las conocidas y de precios económicos. Una vez que recorrimos un poco este lado, nos fuimos a comer para Sandon City que tiene más oferta y variedad en precios.

Espacio destacado

En Sandton se puede visitar la estación de Gautrain, el transporte más usado en esta ciudad y con una extensa conexión por dentro del país, como desde y hacia el aeropuerto.

Para usarlo hay que comprar una tarjeta local de viajes y recargarla. La tarjeta costaba 1 euro aprox. y el viaje del aeropuerto a la ciudad unos 10 euros. Es mejor chequear esto al comprarlo porque los precios pueden variar.

La estación en donde te deja el tren desde el Aeropuerto es justamente Sandon. Desde allí es posible combinar con la línea roja hacia otras zonas de la ciudad. Aquí les dejamos el link de la página oficial para chequear horarios y trayectos: Gautrein.

¿Qué más hacer en Johanesburgo?

–> Visitar el Constitution Hill en el barrio de Braamfontein: es un recinto llamado “De los derechos del hombre” en el que se encuentra la antigua fortaleza que fue sede de la Corte Constitucional de Sudáfrica y hay varios calabozos, en los que se cuenta que la vida de Mandela y Gandhi se encontraron.

Recomendamos hacer la visita con los guías del museo. Por fuera, antiguas torres hoy exponen cantos de prisioneras que son un llamado a la humanidad.


Este antiguo fuerte siguió funcionando hasta 1987, y recién en 2004 fue puesto en valor como museo. El recorrido del museo abarca tres prisiones: una destinada a nativos africanos, de solo hombres negros, entre los que se detuvieron a muchos jóvenes del levantamiento de Soweto de 1976, además, Gandhi fue llevado a esta prisión. Otro complejo específico de mujeres, entre las que se encarceló a Mandela Winnie y Albertina Sisulu; y la última y primera en ubicación, la sección del antiguo fuerte, en donde estuvo, antes del apartheid, Nelson Mandela. También se pueden visitar antigüedades de la Corte y una exposición de arte africano.

En las inmediaciones de la puerta se encuentra la Llama de la Democracia: un fuego sin cesar recuerda la firma de la Constitución Sudafricana, que sella los derechos de todos los hombres y las mujeres, y la constitución de la República. Fue promulgada por N. Mandela en 1996 y en 1998 entró en vigencia. La historia es muy reciente.


El complejo abre de 9 a 17 hs y es una de las paradas de las líneas del Hop On Hop Off, que no lo recomendamos en casi ninguna ciudad, salvo en esta porque las distancias entre cada punto son grandes y difíciles de acceder.

¿Dónde comer por Braamfontein? Neighbourgoods Market: Un sitio con gran variedad de comidas y precios, montado sobre un mercado de tintes modernos. Hay que saber que solo abre los sábados de 9 a 15 hs.




Contrastes de Johanesburgo

“Porque cada pueblo quiere hablar en su propia lengua, no en la que le es impuesta”, un vecino de Johanesburgo.

Johanesburgo fue una de las ciudades que más nos costó entender de África. Traíamos en la mochila una idea, tal vez impuesta por la información que nos llega, que no fue la que encontramos. Sinceramente encontramos una desigualdad como pocas veces vimos: dos ciudades que buscaban oponerse y lo hacían sin reparos, sin aparentar.

La ciudad de los blancos, viviendo en sus barrios perfectos, sin veredas para caminar, pero sí con portones eléctricos, con pocas plazas, con malls, en donde se comía, se iba de shopping, y se divertían dentro del lugar, sin nenes corriendo por ahí, pero sí escuelas inglesas fortificadas de afuera. Todos los carteles de las calles en inglés, aunque no fuera el idioma más hablado.


Por otro lado, la ciudad de los negros, repleta de gente en la calle, la vida estaba ahí, taxis o vans repletas, puestos de comida, pobreza, poco espacio, alejados y con calor, pero también unidos y con cierta mueca de esperanza.

Contrastes que nos llamaron la atención desde el primer momento en que llegamos. Tal vez porque fue instantáneo el aviso de “tengan cuidado”, o porque queríamos caminar la ciudad como hacemos siempre, algo que acá no existía. El trabajo de Mandela y tantos otros fue un primer paso, pero queda mucho por hacer, muchísimo. Quizá las generaciones venideras puedan ver el fruto de una semilla que recién está germinando.


Soweto

Soweto es el barrio en el que viven más de 4 millones de personas, más de la mitad de la capital, y fue creado durante el apartheid para alojar a los nativos que vivían en zonas restringidas solo para blancos. En esta ciudad se vivió el verdadero horror en manos de la opresión y la violencia hacia las personas.

Como en todo guetto, las enfermedades y los problemas de hacinamiento no tardaron en llegar. El 16 de junio de 1976 sucedió un hecho que es quizá el más emblemático y recordado en la historia social de Sudáfrica: el gobierno exigió que la lengua hablada y estudiada sea el afrikáans, es decir, la lengua de la conquista. La protesta y el levantamiento de este día se cobró unas 560 víctimas, en su mayoría niños, que salieron con sus maestras a reclamar que sea su lengua nativa la que debían hablar, escribir y conservar.

Soweto se encuentra dividido en varios barrios, que alternan entre clase baja hacia clase media, y en algunos casos, clase alta. Solo gente negra vive aquí. De sus barrios se destacan Orlando West, en donde vivió Nelson Mandela, y Dube.

En Orlando West, calle 8115, hay una parada obligatoria: la casa de Nelson Mandela.

Dentro de la casa-museo hay habitaciones con recuerdos, premios y agasajos de referentes de todo el mundo hacia él y cosas personales. La casa de Nelson, como otras de acá, son las típicas casas de color rojo ladrillo que eran dadas en alquiler por el Estado africano a sus habitantes negros y desplazados.

El Estado les daba la posibilidad de alquilar una vivienda, pero no de comprarlas. La única manera de llegar a ser propietarios/as era alquilar durante 99 años a grandes costos estas viviendas. Sí, 99 años. Una de las primeras reformas de Nelson Mandela fue hacer dueños/as a los que alquilaban estas casas automáticamente.

La historia de Sudáfrica es larga y compleja. Entre varias guerras de boers, ingleses y zulús durante el siglo XX, hasta el descubrimiento de grandes minas de oro en Gauteng, hoy lo que es Pretoria y Johanesburgo. Mineros europeos y campesinos nativos trabajaron el área generando, ya desde sus inicios, esta distinción racial en las zonas de ocupación y vivienda.

Los conflictos entre los trabajadores blancos y negros derivaron en una serie de medidas que apartaron y limitaron la vida de los negros en todos los aspectos de la vida. El 20% de la población blanca dominaba y controlaba al resto, imponiéndose y sacando de esto su propio beneficio.

Para los sudafricanos negros el levantamiento de Soweto fue el inicio de una gran lucha que se iniciaba en aquel 1976 y que vería un rayito de luz en 1994 con la llegada de Nelson Mandela al gobierno.

Otro de los puntos que resaltan en este barrio de casas bajas son las torres gemelas de electricidad, con grafitis que cambian anualmente. Como una gran ironía de la desigualdad, las torres se colocaron para dar electricidad a la zona norte de Johanesburgo, no a Soweto. Hasta el día de hoy, algunas casas no tienen agua ni luz propia en el barrio.

Debajo de las torres hay un bar muy concurrido por turistas y cada tanto se instala una base de bungee jumping para dar un gran salto desde lo alto.

Por último, en Orlando West se encuentra el Museo de Héctor Pieterson. Este museo conmemora a Héctor, un niño de 12 años asesinado durante el levantamiento de 1976.

Además, cerca al museo está la plaza homónima. Varias leyendas insisten a los viajeros/as y locales a no olvidar la lucha y la búsqueda de libertad del pueblo africano.

Una de sus fotografías, la más impactante, es la de la hermana de Héctor que lo lleva en brazos ya baleado, buscando ayuda entre el mismísimo infierno. Frente a la plaza se suele armar una feria de artesanos: si vas a llevarte un recuerdo quizá la mejor manera sea comprando de este arte local.


Regreso a Buenos Aires

Y con no poca melancolía por haber recorrido en palabras nuestro viaje por África, nos despedimos de este increíble lugar. El último día tuvimos que ir a devolver la camioneta y, para nuestra sorpresa, habíamos tajeado una llanta de la que tuvimos que pagar un 30% de su valor. Un poco lo esperábamos, porque anduvimos por caminos en donde de suerte no se había roto nada.

Ese último día en la ciudad aprovechamos, ahora a pie, para charlar más con los lugareños y visitar la zona del zoológico, que es un sitio relajante, con un gran lago y muchos árboles como para hacer picnic y descansar.

Antes de salir al aeropuerto, almorzamos en Melville, cerca de nuestro hospedaje y, de repente, una voz lejana nos reconoció hablando en castellano y se nos unió unos minutos. Era Sabrina, la creadora de la página Argentinos en Sudáfrica que sentía, como nosotros, una gran alegría de encontrar a un compatriota. Para nosotros era la primera voz en español de todo el viaje.

Con un uber nos fuimos al Aeropuerto Internacional OR Tambo y emprendimos el largo regreso hacia San Pablo, y desde allí a casa, Buenos Aires.

Llegamos un día de sol, relajados y con el ritmo cambiado. Aún recuerdo cómo nos tomábamos el tiempo para todo, con paciencia, los primeros días antes de volver a la rutina veloz de la ciudad.

La vida en la naturaleza, sin duda, te hace conocer algo maravilloso que es valerte de pocos recursos, olvidarte del materialismo, vivir simplemente con lo que necesitas: una mochila de viaje desprejuiciada y que busca conocer, que ahora sabe que África es aún más inmensa de lo que podíamos imaginar.


Definitivamente, África, ¡vamos a volver!

Un comentario en “Contrastes de Johanesburgo, Sudáfrica

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