El Disney de la cerveza, por Birras de Viaje

Así titulé informalmente mi estadía en Munich durante el Oktoberfest 2018. Siento que describe en pocas palabras una experiencia que deseo repetir.

Espero estés leyendo esto cerveza en mano.

Desde hacía varios meses tenía un pasaje a Barcelona con un recorrido ideado que no incluía mi paso por Alemania. Pero el algoritmo de Instagram hizo de las suyas y me presentó en la pantalla del celular un perfil más peligroso que el de un ex, el de @oktoberfest. Suficiente para asociar mi viaje a Europa en octubre con el festival de la cerveza más grande del mundo. Con unas rápidas búsquedas en Google completé toda la información que necesitaba. Ahora quedaba decidir si me animaba a ir sola, porque recorrer ciudades sola ya sabía que era un buen plan, pero ir a un festival, en un país que no sé el idioma, donde la escena constante es un desfile de vasos gigantes de cerveza, no me sedujo desde el inicio. Temía no disfrutarlo.

Exactamente un año después de la experiencia, recuerdo con cierta gracia ese miedo que casi me deja afuera de una de las experiencias más divertidas de mi vida.

El recorrido que estaba delineado tibiamente para mi estadía en Europa sufrió modificaciones y al siguiente día de llegar a Barcelona me tomé un vuelo a Munich. El Oktoberfest ya estaba celebrándose, la fiesta dura un poco más de dos semanas y empieza en septiembre aunque se llame Oktoberfest. Se fue adelantado para que el buen tiempo acompañe la celebración.

La historia cuenta que el Oktoberfest tiene sus inicios en 1810, año en que se celebró el primer aniversario del matrimonio entre el Príncipe Luis I de Baviera y Teresa de Sajonia-Hildburghausen (innombrable); y tuvo tanto éxito, que ya son más de 200 años de litros y litros de cerveza compartida entre los millones de visitantes.

Llegué una noche a la ciudad, deje mis cosas en la habitación que alquilé por Airbnb. Escribirlo suena fácil, pero conseguir hospedaje para esa época en Munich es una misión casi imposible. Se necesita mucha anticipación, y si algo no tuvo este viaje fue planificación. Lo poco que había era excesivamente caro, ni los campamentos que se arman en los alrededores del predio, que suelen ser la opción más económica, tenían lugar. Pero finalmente conseguí donde dormir. El hospedaje estaba a unos 15 minutos en tranvía del predio.

Con el entusiasmo de tomar la primera cerveza en Munich salí en busca del tranvía, sin decidir si iba a ir a algún bar del centro o ir al predio, pero pensaba que ya era un poco tarde. En la parada del tranvía preguntando cómo llegar, me encontré con dos uruguayas que estaban vestidas con el “Dirndl”, el típico vestido que usan las mujeres y representa esta celebración, traje con una historia de diferenciación de clases y simbolismo que está muy alejado del siglo XXI. – El lazo con el que se ata el delantal simbolizaba antiguamente el estado civil. Si la mujer se ataba el lazo al lado derecho, esto significaba que estaba casada o comprometida, y el lazo al lado izquierdo, soltería.- El entusiasmo de todas se multiplicó y en minutos estábamos entrando al predio.

El acceso es gratuito, como también lo es a las carpas. Si bien la capacidad es limitada y la fama es que es muy difícil acceder, si le dedicas un par de días al festival, podría asegurar que vas a entrar a todas las carpas que quieras. Las reglas en el Oktoberfest son claras, se toma cerveza solo dentro de las carpas o en su biergarten, y solo si tenés un asiento. Sino nadie te va a traer una cerveza.

Si bien el público se va renovando, y son 14 las carpas que pueden visitarse, 6 de ellas son las más destacadas: Augustiner-Braü, Löwenbräu, Paulaner- Braü, Spatenbräu, Hacker-Pschorr-Braü  y Staantliches Hofbraü-Munchen. Se necesita paciencia y ser un poco estratégico con los horarios. Los días de semana y los últimos horarios del día, son de más fácil acceso. Existe la posibilidad de pagar por un lugar en las mesas y así asegurarse tomar cerveza, pero la comodidad tiene su precio, actualmente tiene un valor de €169 e incluye dos litros de cerveza. Yo opté por la opción de paciencia y rotación de carpas, y me fue muy bien! Pude entrar a las principales carpas.

Cada cervecería ofrece shows a toda hora, platos típicos de la cocina bávara y enormes vasos de cerveza. Lo justo y necesario para que la estadía en las carpas sea una fiesta a toda hora, donde es fácil perder la noción del tiempo.

Podríamos imaginar que en la fiesta de la cerveza más grande del mundo se puede elegir el estilo de cerveza que cualquiera quiera tomar, pero no. En este festival, el único estilo que se sirve es el Märzen, una cerveza más fuerte y oscura que la cerveza tradicional y con una graduación alcohólica mayor a 6 grados, hecha especialmente para la ocasión por las seis fábricas de Munich (las de las carpas más destacadas).  El vaso de litro, la única medida que se comercializa, sale €11.  Sorprende ver cómo quienes sirven la cerveza en las carpas cargan en un solo viaje más de 10 vasos de estos. Sostener solo uno es tan pesado, que se convierte en un desafío hacerlo entre tanta gente divirtiéndose.

Fuera de las carpas hay gran cantidad de puestos de comida salada y dulce, y el famoso “Luna Park”, un parque de diversiones con montañas rusas, sillas voladoras, autos chocadores y la emblemática vuelta al mundo, entre otras atracciones.

A las 22:30hs se termina de servir cerveza y a las 23hs cierra el predio, para abrir sus puertas a las 9hs del siguiente día.

Durante los tres días que estuve allá, conocí distintos grupos de gente, uruguayos, argentinos e italianos, con los que compartí cervezas en las carpas y con quienes, una vez que cerraba el predio, nos íbamos a bailar a boliches de la ciudad.

El Oktoberfest en Munich lidera mi lista de lugares por volver, la próxima vez quiero que sea con amigxs para vivir la misma experiencia de diversión 24 horas pero compartida con mi gente. Sé que en algún momento de distracción, cerveza en mano, vamos a delirar con esta idea y concretarla.

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