Pamukkale y las pompas de algodón

Después de instalarnos varios días en Cappadocia, emprendimos un largo viaje en bus hacia Pamukkale. Esta pequeña ciudad se encuentra muy cerca a Hierápolis, una antigua ciudad balnearia del período greco-romano y que es el atractivo principal para todos los viajeros. Mucho nos han preguntado de si valía la pena llegar hasta acá después de visitar Cappadocia. Realmente lo vale, es un lugar de por sí único por su geología y parar un día o ir simplemente a pasar el día es económico. 

Cuando Lau se dispuso entre la pompa de algodón más grande de Turquía.

Viajar a Pamukkale desde Cappadocia

Desde Estambul y con la empresa Suha, que nos la habían recomendado, viajamos a Pamukkale en un bus nocturno de aprox. 10 horas. Como te contamos en nuestro posteo de Cappadocia, tomar un bus desde allí hacia cualquier destino es fácil, solo tenes que acercarte a la terminal de buses en donde una empresa se encuentra al lado de la otra. Suha nos ofreció dos servicios diarios, uno que parte a las 20 hs y otro a las 19.15 hs. Estos pasajes, en mayo 2019, costaban 95 y 85 LT respectivamente. Hay que tener en cuenta que Turquía tiene una gran inflación anual y estos precios seguramente aumenten.

Lo negativo de este viaje en bus es que llegas a Pamukkale súper temprano, cuando amanece. Regularmente, ningún hotel te dejará hacer el check in a esa hora, pero nosotros aprovechamos para caminar a la ladera de Hierápolis, y, desde abajo, ver los vuelos en globo que franqueaban esa mañana la salida del sol. En la plaza central de la ciudad, en donde hay un lago, se encuentra un bar que abre a las 7 am, es una buena opción también para esperar que llegue el día completamente.

Atención: Los buses llegan a Pamukkale, pero antes de llegar hay un intercambio entre el bus grande en el que venís viajando a mini bus, en Denizli. Esto está todo incluido en el precio del pasaje. Hay que prestar atención a que cuando llegas a Pamukkale la misma gente de turismo te quiere ofrecer tours y paquetes para comprar. En lo posible, al bajar del bus, seguí hacia tu hotel o hacia cualquier lado, pero no te quedes esperando porque te van a querer enganchar.

Hospedaje

En la ciudad los hoteles están pensados para vacaciones familiares de verano, porque tienen cuartos grandes, con varias camas, y piletas. Más allá de esto, es posible encontrar cuartos individuales y hospedaje para solo una noche, que fue a lo que nosotros apuntamos. Hay mucho turismo diario en la ciudad, pero que no se queda a dormir, sino que asiste en micro con un tour organizado durante el día y se vuelve, generalmente a Éfeso o puntos cercanos. Esto es una opción, nosotros como nos movimos en micro y de forma independiente no quisimos estar viajando dos veces por día. Además, tener un hotel y quedarnos más de un día nos permitió relajarnos un poco y tener más libertad a la hora de visitar Hierápolis.

Nos decidimos por el Hotel Pamukkale, pues digamos que de original el nombre no tiene nada. Está muy bien ubicado y de fácil movilidad para ir y venir a los travertinos.

Las ruinas de una ciudad balnearia, Hierápolis

Tanto el Parque Natural de montañas travertinas de las que se vierte el agua rica en minerales, como las ruinas de la ciudad de Hierápolis en la colina, forman parte del Patrimonio de la Humanidad, así declarado por UNESCO desde 1988. El ingreso puede hacerse desde la parte superior, es decir, desde Hierápolis y descender por la montaña, o ascender por la montaña misma caminando hacia la ciudadela. Nosotros elegimos esta última opción, desde el lado sur del pueblo y ascendiendo por los travertinos. La entrada nos costó 50 LT por persona, y lo mejor es ir bien temprano cuando abre, a las 9 am, para evitar el gentío. Alrededor de las 11 hs llegan todos los micros turísticos que inundan la montaña y se llena de gente haciendo aún más difícil subir caminando.

En primer lugar, lo que se visitarán son las distintas terrazas de la montaña que forman piscinas naturales con agua rica en minerales y sodio, de tono cristalino. Este ascenso es resbaladizo, y no está permitido ascender en ojotas para evitar resbalarse aún más, dañar la superficie, y evitar suciedad en el piso de la montaña. Todo es blanco reluciente y esto se refleja del sol por todo tu cuerpo, así que es ideal llevar protección solar colocada ANTES de subir, gorro y lentes. Para evitar interrumpir el ascenso,  y además poder ir a ver Hierápolis temprano, es mejor pasarle por al lado a las piletas y sumergirse cuando hagas la bajada por el mismo lugar un poco más tarde. El agua está siempre calentita.

Inmersos en las piletas al descender de Hierápolis.

La peculiaridad de estas montañas con sales naturales, repletas de sodio y bicarbonato, se formó debido a un movimiento tectónico en el río Menderes. Por eso tienen este tono blancuzco, ya que el agua se va solidificando en grandes barrancones o paredones blancos, además de contener piedra caliza como elemento originante. Lamentablemente, y dada la explotación turística de hace años, muchos hoteles tomaron estas piscinas para uso propio, sobre la misma montaña, y generaron el secado de algunas. Cuando esto se advirtió, como consecuencia del uso y control de las temas para el propio bien hotelero, el Estado turco y la UNESCO decidieron cerrar estos hoteles para evitar la desaparición de los travertinos y revertir, de a poco, su apariencia y composición original.

Gracias a los cuidados que se toman actualmente, la responsabilidad que se espera de cada visitante, y la eliminación de los hoteles sobre la colina, la montaña se fue regenerando haciendo que algunas zonas secas hoy estén más húmedas y devolviendo el color blanco a su suelo.

Una vez que atravesamos todas las montañas y piscinas naturales llegamos al complejo de las ruinas de Hierápolis, justo en la cima. Este complejo de ruinas contiene distribuido en un gran campo varios de los monumentos de una gran antigua ciudad greco-romana. La ciudadela fue enviada a construir por Eumenes II (Rey de Pérgamo) hacia 180 aC. La ciudad sufrió el paso de varios terremotos y fue reconstruida como ciudadela romana con la llegada del gran Imperio, hasta su destrucción total por nuevos terremotos. Lo atractivo que encontraron aquí estas civilizaciones fueron las aguas termales, que consideraron tenían propiedades curativas y, además, era una buena zona para pasar el calor y refrescarse.

Una de las calles modernas de Hierápolis.

En la cima de la colina, se pueden visitar las ruinas y hay un museo con algunas otros monumentos rescatados que se protegen y restauran dentro. Este museo tiene una entrada separada, que hay que abonar al ingresar, y también encontramos una piscina artificial (que se paga en el lugar) junto a una especie de patio de comidas en el que podes parar para comer o tomar algo. En general aquí arriba los precios son más caros y la comida es de baja calidad, es decir, comida rápida. Lo llamativo de la piscina artificial es que tiene dentro columnas de la antigua Hierápolis que transforman la pileta en un viaje al pasado.

Las ruinas de la ciudad dan su inicio junto al arco de Domiciano: la gran entrada. Dentro de todo el complejo se encuentran construcciones típicas romanas, como templos, un ágora, un gimnasio, varias necrópolis, puertas, baños, iglesias, anfiteatros, pasadizos y antiguas calles imperiales. También, se puede ver que en algunas de sus calles laterales había piletas y grandes esferas de agua. Todo Hierápolis tenía una gran conexión con el agua por su cercanía a la fuente natural, las termas.

Lo que se destaca de las ruinas es el gran Anfiteatro, por su inmensidad y belleza, haciendo difícil que entre en una sola mirada, y más en una sola foto. Se dice que llegó a recibir más de veinte mil visitantes, pero debido a varios terremotos es poco lo que quedó en pie. Las gradas siguen siendo las originales, y se puede ver cómo algunas plantas hacen fuerza por salirse de entre las piedras. Los relieves del frente hoy se encuentran dentro del museo en la misma colina.

Capturar el momento, lo inconmensurable del arte en la arquitectura.
  • Para visitar las ruinas está bien relajarse e ir caminando leyendo los carteles ahí mismo dispuestos, sin mucha más preparación. La ciudadela está bien conservada, a diferencia de lo que nos habían advertido y con varios carteles para comprender la historia del lugar.

Al descender

Al descender de la ciudadela y volver por los travertinos pudimos meternos en las piletas naturales, con menos gente y ya cayendo el sol. Volvimos a la ciudad y nos preparamos para conocer de noche las pocas cuadras de Pamukkale. Nos sentamos a cenar en el Resto White House. Un sitio súper acogedor, en el que sirven pastas y platos locales, con vinos de todo tipo. Son honestos y no te cobran nada de más y encima tienen buenos precios. No hay tantísimos lugares para comer en la ciudad, así que este está recomendado.

Camino a la costa turquesa: Fethiye

Desde Pamukkale, al día siguiente, emprendimos el camino hacia la costa de Turquía, más precisamente hacia Fethiye. Para ir de Pamukkale a la costa, tomamos un bus en Denizli que nos costó unas 35 LT cada uno, pero antes tuvimos que tomar un mini bús de 15 minutos hasta esta parada principal. El minibús sale 4 LT, y pasa cada 50 minutos como si fuese un bus local por las paradas señalizadas. Nosotros tomamos el mini bús de 9.30 hs para tomar el bus largo de 10.30 hacia Fethiye. El viaje anduvo muy bien, fue relativamente corto porque para el mediodía ya estábamos en la costa turquesa, y el mini bus más que agradable, porque viajamos con gente del lugar que seguía con sus quehaceres diarios y éramos los únicos turistas allí.

Al caer el atardecer sobre la montaña.

RBF Tip: Si llegaste hasta acá y aún no volaste en globo, aquí también se hacen y son más baratos que en Cappadocia. Tendrás las grandes vistas de Hierápolis y las montañas travertinas sobre tus pies.

Los dejamos que nos vemos, ahora sí, desde la costa turquesa de Turquía.

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