A Londres, por Ale Peña

Ya hace casi once años que vivo en Londres. Cuando llegué pensé que venía por uno o dos, con ganas de estudiar en otro país y experimentar otra cultura por un ratito, y después volver y usar eso para cambiar de trabajo. La idea era volver, mi idea es siempre volver. Pero bueno, la vida es así, uno arma planes y en el camino te pasan cosas que no se planean o se imaginan. Así que cuando llegué a Inglaterra a fines del 2008, el día que quebró Lehman Brothers y se largó la crisis mundial, y me asenté un añito en Lancaster para estudiar una maestría, jamás me hubiera imaginado que una década después estaría viviendo en Londres (aunque trabajo en York), cambiado radicalmente de profesión (pasé de ser ingeniero industrial en una multinacional a profesor-investigador en una universidad), casado con una rusa, y comprado una casa. Lo que se dice cosas que pasan.

No fue fácil, pero tampoco lo sufrí. No tengo pasaporte europeo, pero cómo no planeaba quedarme, no me importó. Los primeros años, cuando la maestría de un año se volvió un doctorado de cuatro estuve con visa de estudiante, que me dejaba trabajar 20 horas por semana, más que suficiente para complementar mi beca. Y después, cuando pasaba de visa en visa a través del bizantino y hostil sistema inmigratorio británico, siempre pensaba que, si algo no salía, no hay problema, me volvía a casa, y listo, a otra cosa. Esa libertad, de no tener que quedarme sí o sí, me dio tranquilidad. Después del doctorado (1era idea de volver), pasé por una “Post-Doctoral Student Visa” que te dejaba trabajar por un año y tratar de conseguir un sponsor permanente. Conseguí un trabajo por un año en una universidad en las afueras de Londres, y pensé bueno, cuando se acaba la visa me vuelvo (2da idea de volver). Al final de ese año, sin embargo, me ofrecieron un puesto permanente en la Universidad de York, a dos horas de Londres en tren. Y ahí estoy todavía, con mi pasaporte argentino y una visa de trabajo que renové una vez, a un paso de sacar la residencia. Sea de paso, esto de vivir en un lugar y trabajar en otro es común en el Reino Unido y parte de Europa, conocido como el “commuting”, algo posible porque muchos países son chicos y la red de transporte eficiente (pero no barata). Yo igual lo hago por tres razones. Una, porque mi ahora esposa trabaja acá y gana más que yo. La segunda, es porque los académicos, por suerte, no tenemos que estar mucho en la oficina. Y la tercera es porque para mí es mejor vivir en Londres que cualquier otra ciudad de Inglaterra: una pequeña ciudad medieval es pintoresca por un rato (y menos también), pero no nos confundamos, como porteño que soy, a mí dame grandes ciudades.

Así que Londres se volvió mi casa. Cara, cosmopolita, ecléctica, y nublada Londres, una ciudad que cuando vine por primera vez de turista no me impresionó pero que es sin duda única, y creo más interesante a medida que se la conoce mejor. El aspecto más atractivo de la ciudad, y que hace que Londres sea Londres, es lo diversa que es. No hay momento alguno donde no se escuche otro idioma: estoy seguro que salgo a la puerta, me tomo el colectivo y pido pasaportes, y me encuentro con no menos de diez nacionalidades entre los pasajeros. Puedo pedir un cortado en español acá a cuatro cuadras donde los dueños, un colombiano y un holandés, ponen a Los Fabulosos Cadillacs de fondo, mientras mi esposa habla en ruso con su amiga, y un tipo en la otra mesa charla en árabe por Skype. ¿Qué querés comer? ¿Comida georgiana, tibetana, camboyana, ghanesa, báltica, rusa, pakistaní, del norte de China? No hay problema. ¿Querés una milanesa o un bife de chorizo en un parrilla argentina? ¿Unas empanadas de provolone con ostras, y de paso te llevás un kilo de yerba? Te digo donde ¿Querés comprar tortillas mexicanas, las mismas que comen en México, o un currywurst alemán? Sé un lugar. Y eso es lo que tiene Londres, que hay de todo para todos. No hay lugar mejor para ser extranjero sin sentirse extranjero. Mientras que Nueva York es una ciudad estadounidense, Paris es francesa y Buenos Aires argentina, Londres no es Inglaterra. Por eso, si se quiere conocer la cultural inglesa, este no es el lugar. Entre mis amigos y conocidos está lo que yo llamo las “parejas tipo Londres”, esas que combinan nacionalidades que sólo se pueden dar acá: yo soy un ejemplo, claro, pero tengo un amigo venezolano de novio con una holandesa, otro venezolano (francés) casado con una lituana, un argentino de novio con un sueco, un inglés con una piba de Azerbaiyán, un estadounidense con otra rusa, y así y así. El otro día caminaba por la calle y vi que estaban celebrando una fiesta de casamiento: el tipo tenía puesto un kilt escocés, que algunos británicos usan para ocasiones importantes, y la chica vestía un kimono japonés. Brillante. Con cerca de diez millones de habitantes, es sin duda el centro financiero, comercial, cultural y deportivo del continente, donde se puede encontrar, con más o menos esfuerzo, algo y alguien de cada lugar del planeta. Pasando de su zona oeste “posh”, blanca y aristocrática, al este “hipster”, decadente y multicultural (y ojo al sur del Támesis, hay dragones), sus parques, pubes, restaurantes, librerías y exhibiciones, Londres es una ciudad para contemplar en su diversidad, para disfrutar por sus mezclas, para encontrarse con el cambio y la variedad. En Londres nada dura mucho, y para bien o para mal, esa es la idea. Si se quiere tradición, para eso está el resto del país. 

Por eso un argentino en Londres es tan extranjero como cualquiera. Pero no somos muchos y no es fácil encontrarnos, y para la media, somos exóticos. Acá es más común ser nigeriano, indio, o jamaiquino, que sudamericano. Hay un par de (muy buenas y caras) parrillas argentinas, y un par de bares argentinos que a veces hacen fiestas, pero en general no hay una diáspora grande, esto no es España. Los españoles son mucho más, porque llegaron en masa con la crisis del 2008, y muchos argentinos que estaban allá vinieron para acá con ellos. También hay barrios donde hay algunas comunidades latinas importantes, pero en general colombianos, brasileros, y ecuatorianos. La comunidad argentina en el Reino Unido es diversa y dispersa, compuesta por expatriados, migrantes económicos, estudiantes de posgrado, jóvenes curiosos que quieren vivir en la ciudad un rato, pero no hay grupos familiares enteros, como sí se pueden encontrar en España o Italia y que pueden recrear pequeñas comunidades. En ese sentido uno acá se siente más latino que otra cosa, por el idioma, los códigos, y la música (no es cuestión de andar escuchando cumbia todo el día pero, ¿dónde si no en una fiesta latina escuchas música divertida?). Y es mucho más fácil hacer relaciones con latinos, hispanos o gente más “mediterránea”, que con ingleses: los ingleses (no todos claro está, es una generalización) son bastante cortos. Son cordiales, muy amables, y todo eso, pero es como si siempre se los conociese por primera vez. Y a la larga eso te cansa un poco.

Un poco de Argentina en Londres.

Cómo es cosmopolita y cada uno puede hacer lo que quiere, es fácil para un argentino adaptarse, aunque no deja de ser una ciudad europea del norte, y por lo tanto, con ritmos y costumbres distintas. Me molesta por ejemplo que las cosas cierren temprano; tomar un café después de las seis de la tarde es un tema y ni te digo comer en restaurante después de las diez. La noche de Buenos Aires le pasa el trapo a la de Londres diez veces: como me gusta decir, Londres tiene una gran “evening”, pero no tiene noche. Para tomar algo y escuchar música, hay diez mil lugares, pero si querés una fiesta con un poco de onda y baile, se complica. Y el clima, el clima… No hay con que darle, durante más de la mitad del año es deprimente. No llueve tanto como la gente imagina, es más un continuo otoño, nublado, gris, frío. Los primeros años no le prestaba tanto atención pero con el tiempo el clima me pesa, te saca ganas de hacer cosas. Por eso cuando brilla el sol y hace calorcito, la gente enloquece, y Londres, e Inglaterra entera, son otro lugar.

Si quieren vislumbrar un poco la vida local, y salir del centro y de lo que conocen los turistas, recomiendo tres lugares/caminatas, muy influenciados por mi amor incondicional por la parte este de la ciudad, y por el barrio de Hackney en particular, donde viví casi siete años. El primero es un mercado callejero. Borough Market y Portobello (Notting Hill) son interesantes y hay que visitar, pero al que siempre vuelvo es a Broadway Market, los sábados (https://broadwaymarket.co.uk/). Comer algo en unos de los puestitos (hasta te venden empanadas), tomarse una cerveza belga o un café, y después tirarse en la plaza de London Fields en un día de sol, siempre y cuando la horda de hípsters te deje algo de espacio, es muy agradable (y tal vez una escapada a Netil 360, ahí cerca, un bar en una terraza desde donde se ve toda la ciudad). La segunda y tercera se pueden hacer desde ahí, pero saliendo para distintas direcciones. Una es caminar por el Regent Canal, desde Hackney hacia Camden (o viceversa) (https://www.visitlondon.com/things-to-do/london-areas/regents-canal). Estos viejos canales, donde viven unos cuantos bohemios en antiguas barcazas remodeladas, cortan todo Inglaterra, remanentes de una época donde no había trenes. Caminando por el canal se adquiere una vista diferente de los barrios, y hay muchos barcitos y lugarcitos para tomar algo por el camino. Por último, metiéndose en el este profundo, está Hackney Wick, un barrio de antiguos galpones que en unos pocos años va a estar totalmente gentrificado, así que recomiendo apurarse. Ahí, a la ribera del río Lea, hay dos cervecerías, Crate y Howling Hops (https://cratebrewery.com/). Cuando el clima está bueno se llenan, pero siempre son excelentes lugares para tomar algo y entender la movida hípster en todo su esplendor.  

Preguntas RBF

  • ¿Conseguís dulce de leche, yerba y productos argentinos en algún negocio en Londres?

Sí, se pueden conseguir muchas cosas, si se sabe donde buscar. Hay delis online que te consiguen de todo, desde carne argentina hasta provoletas, tapas de empanadas, yerba y alfajores. Recomiendo Casa Argentina (https://www.casaargentina.co.uk/deli/). La embajada tiene una lista también de lugares donde venden productos argentinos (http://www.argentine-embassy-uk.org/docs/enlaces/Lo_Argentino_en_UK-2015.pdf). Yo para yerba, dulce de leche y empanadas, voy al local de Porteña en Borough Market (http://portena.co.uk/), que vende unas empanadas excelentes.

  • ¿Te contactaste con argentinos/as que también viven allá?

Sí, pero no mucho. La mayoría los conocí a través de la esposa argentina de un amigo que trabajaba en el consulado. Con algunos quedamos amigos y nos juntamos seguido, pero son reuniones internacionales, con amigos y parejas de todos lados, más que reuniones argentinas, aunque predomina el asado y fernet. La embajada, hay que admitir, trata de organizar eventos para mover a la gente, y fui a varias fiestas patrias que me invitaron. Una de las ventajas de ser pocos, supongo.

  • ¿Pudiste hacer algún amigo/a local?

Muy pocos, la verdad, si por local hablamos de ingleses. Además, no es fácil en general porque mucha gente está en Londres de paso, trabajando unos años para después seguir a otro lado. La mayoría de mis amigos acá son de otros países, aunque hay algún que otro local con que me llevo bien. Pero no muchos la verdad.

  • ¿Sabés cuánto cuesta una pinta de cerveza en un bar, por ejemplo?

Si no supiese eso viviría dentro de un raviol. Más o menos una pinta ronda las 4 o 5 libras. Pero en el Reino Unido, aunque sea difícil de entender, también hubo una explosión de micro cervecerías artesanales en los últimos años, y las cervezas de nicho pueden subir hasta las 8 libras y a veces más. Y por ley, cuando tienen más alcohol, tienen que ser más caras.

  • ¿Creés que vas a volver a Argentina, qué recursos utilizas para seguir conectado con familia y amigos/as?

Sí, espero poder volver. Aunque estoy instalado acá y vivo bien, creo que ya cumplí mi ciclo en Europa y me gustaría que la fase que se viene en mi vida, sea en Argentina. Así que aspiro volver en los próximos cinco años, pero nunca se sabe, y con una esposa extranjera, se vuelve un poco más complejo. Como dicen, es más fácil irse que volver. Hoy en día por suerte es fácil seguir conectado, hablo por Skype y WhatsApp con familia y amigos bastante seguido. También, lo bueno de Londres es que generalmente cuando alguien viene a Europa pasa por acá, y aunque ahora no viene tanta gente, por suerte alguien de mi familia o algún que otro amigo vienen todos los años. Yo también trato de ir a Argentina dos veces por año, especialmente para las fiestas. 

2 comentarios en “A Londres, por Ale Peña

  • el Julio 24, 2019 a las 11:59 am
    Permalink

    Otro genial pasaje de ida 👏👏👏👏Amo estas historias!!!

    Respuesta
    • el Julio 24, 2019 a las 12:50 pm
      Permalink

      Gracias, Gra! Nos encanta a nosotros que a vos también te guste.
      Beso grande y hasta el próximo pasaje de ida!

      Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *